martes, 26 de mayo de 2015

La izquierda tiene la palabra

Como bien reza el título de este post, la izquierda tiene la palabra. Pero no la verdadera, ni la transformadora, ni la traidora, ni la que no revela su verdadero nombre, sino  todas. A la vista de los resultados de las elecciones autonómicas y municipales, en términos generales el PSOE ha tenido un espaldarazo importante por parte del electorado. Las razones se antojan de muy diverso calado, pero, sin ahondar mucho en este amplio conjunto, diremos que el electorado ha castigado el galopante fenómeno de corrupción que afecta a todos los niveles al actual partido en el gobierno. Los votantes del Partido Popular han ido de un lugar a otro, pero principalmente han aterrizado en el PSOE y en Ciudadanos, que aunque aspiraba a unos resultados mejores, se ha quedado a medio gas. La irrupción de Podemos en algunas plazas importantes, como Madrid y Barcelona, ha sido meteórica y sus candidaturas han presentado batalla, e incluso han salido vencedoras.

No obstante, a partir de ahora comenzamos un tiempo nuevo. Un tiempo que estará marcado por los pactos post-electorales. La izquierda en general ha de dejar de lado las rencillas, que siempre la han caracterizado, para garantizar gobiernos de progreso en los ayuntamientos y en las Comunidades Autónomas donde sea posible. De modo que Podemos debe abandonar ese discurso ramplón y de escaso contenido que se resumen en el lema: "PSOE y PP la misma mierda es". A partir de este momento, este partido -que no dice llamarse así, fruto de su germen asambleario- no puede jugar más al despiste y ha de sustanciar su verdadera identidad, llamando a las cosas por su nombre y abanderar y/o facilitar el gobierno de la izquierda en todos aquellos lugares donde sea posible.

El electorado ya ha expresado sus opiniones en las urnas y cabe decir que si la fragmentación de la izquierda no lo provoca, la mayoría electoral es de estos partidos. Los pactos electorales han de ir en la línea de facilitar gobiernos de progreso y con ideología izquierdista, cualquiera que sea su denominación, desalojando al Partido Popular de los puestos de toma de decisiones, impidiendo de este modo el latrocinio, la corruptela y los comportamientos nada éticos que han desplegado por doquier. Ésta ha de ser la prioridad única.



Para llegar a este entendimiento necesario deben producirse diversos cambios de actitud por parte de los dirigentes de los partidos de izquierda. En primer lugar, en el PSOE han de eliminarse todo tipo de descalificaciones y ninguneos hacia Podemos, considerándolos como partidos de la misma ideología, aunque eso sí con sus matices correspondientes, de modo que se permita gobernar a este partido emergente, gracias a pactos puntuales, o bien dejándolos participar en el gobierno de las instituciones. En segundo lugar, en Izquierda Unida también deben comprender que su tendencia es negativa, de modo que la convergencia se hace especialmente necesaria para que los votos progresistas no se queden sin representación en cualquier ámbito. También han de facilitar los acuerdos con el PSOE, Podemos o cualquier formación de izquierdas que tenga opciones de gobernar. En tercer lugar, Podemos ha de reconfigurar su argumentario para eliminar toda referencia peyorativa al PSOE, puesto que su relación con éste será de reciprocidad mutua en todos los niveles. En unos casos, Podemos facilitará los gobiernos del PSOE y en otros casos será el PSOE quien permitirá el acceso al gobierno de esta formación. Y en último lugar, los partidos nacionalistas de izquierda también han de potenciar en todos los órdenes la formación de consistorios, gobiernos autonómicos, o cualquier tipo de institución que estén compuestos por partidos de izquierda (PSOE, Podemos o cualquier otro).



La palabra se sitúa en la izquierda. Si los partidos y sus dirigentes son capaces de limar asperezas y llegar a acuerdos, necesarios por otra parte, la principal lectura de estas elecciones habrá sido entendida por los representantes de los partidos de izquierda, es decir, desalojar de las instituciones al Partido Popular. En ese mismo sentido, la etapa final de este maratoniano año electoral estará en las próximas elecciones generales, donde todos las tendencias desarrolladas en esta convocatoria electoral han de hacerse aún más patentes para lograr el objetivo común de devolver un gobierno de izquierda a nuestro país.



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miércoles, 29 de abril de 2015

A propósito de Ciudadanos y la derecha política española actual

Los que nos dedicamos a estudiar/comprender desde la izquierda la política y los partidos -empresa algunas veces infinta e inasible- muchas veces tratamos desde un cierto hálito de superioridad a la derecha. Bien sea por su excesivo celo en lo tradicional, en el nacionalcatolicismo, en el mantenimiento del statu quo, o cualquier otra expresión, la derecha tiene sus debilidades, como también las tiene la izquierda. Sin embargo, la derecha siempre ha tenido un "plan" para el futuro político y no cae en la tentación del presentismo, por el que siempre ha abogado la izquierda, cuya preocupación siempre estaba en el día a día, impidiendo hacer planes a medio o largo plazo.


Consideremos -y hay datos que lo avalan- que la derecha política y sus órganos de pensamiento sí preparan el futuro, dado que tienen tiempo y recursos para enfrentarse a cualquier contingencia presente, sin que afecte al futurible sustancialmente. Es por ello que la gestación, crecimiento y éxito de Ciudadanos como formación política tenga mucho de esto. Como ya ocurriese en la última legislatura del ex-presidente González, los casos de corrupción en el gobierno y en cargos electos del partido están siendo una importante lacra y, como entonces, ya se sabe que probablemente pasen una importante factura electoral al partido que los alberga. En el caso del Partido Popular actual también lo es. La pléyade de casos de corrupción generalizada, los latrocinios y prevaricaciones cometidos, aderezados con los escándalos de financiación ilegal y pagos en negro son claros ejemplos de esta situación. En el seno del PP van empezando a pensar que la factura puede ser importante, pero no quieren aventurar nada antes de comprobar de nuevo -como ya lo hicieron en las elecciones andaluzas- que el correctivo electoral será muy fuerte. No obstante, los think tanks de la derecha ya han descontado -como se hace frecuentemente en los índices bursátiles- esta pérdida antes de que suceda. De ahí que, siguiendo sabiamente el argumentario de Schumpeter en el que la democracia se considera bajo el prisma del mercado, se hayan posicionado con fuerza en un nuevo nicho de mercado. Nos referimos al segmento de mercado de los partidos emergentes. Su nuevo producto en el mercado es Ciudadanos.

Aprovechando la mayor fortaleza de la derecha política española que es su unidad, proponen una alternativa a los votantes de derechas que consideran que su voto no puede ir al Partido Popular. Ciudadanos es un partido nuevo, cuya identidad ideológica se mantiene bajo un tupido velo, pero que todo el mundo puede evaluar como partido de la nueva derecha, menos recalcitrante -por lo menos en apariencia-, más descafeinada ideológicamente y más apegada al pragmatismo, pero, sobre todo, menos lastrada por la corrupción. De modo que Ciudadanos está creado para absorber todo el conjunto de votantes de derecha que consideran inadmisible que su voto vaya al Partido Popular, y -al mismo tiempo- para obtener votantes de la nueva masa indignada, ante el panorama propuesto por los partidos tradicionales. Como resultado final, encontramos que la derecha política" no tira ningún voto a la basura", puesto que se sitúa en una posición fuerte de mercado en el ámbito de los productos tradicionales con su marca PP, y tampoco rechaza ocupar una posición de preminencia/alternativa en el nuevo escenario de mercado de los partidos emergentes de la nueva política. Después veremos como las nuevas ovejas vuelven al rebaño, con el apoyo en las políticas llevadas a cabo por el partido actualmente en el gobierno.


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martes, 14 de abril de 2015

Lo proteico de los partidos de izquierda en España


La capacidad de mutabilidad y transformación de los partidos de izquierda en España es su principal seña de identidad.

Amén de absorciones, desapariciones y demás avatares de la vida de los partidos, la sustanciación se materializa en su constante cambio, tanto en la propia actividad política, como en sus argumentarios.

 Dejando de lado los partidos de izquierda nacionalista, que serán objeto de una nueva entrada en el blg que nos ocupa, el espectro político de la izquierda en España ha sufrido importantes cambios en estos últimos años. La irrupción de la ciberpolítica y de un partido que se encuentra como pez en el agua en este contexto es un escenario cuya explicación resulta inexcusable.

 En primer lugar, se muestra el PSOE como partido político decano en el sistema político español y que desde su fundación ha ido caminando por distintas coyunturas, que le han llevado desde la oposición al gobierno, de la dictablanda a la república, pasando por la transición y la última restauración propiciada por él mismo, como partido dinástico.


Como es obvio existe una gran diversidad de formas de actuación y de idearios políticos, no obstante, y aunque ahora parezca del todo olvidada la tradición republicanista y su vocación socialdemócrata han sido sus señas de identidad. No es de extrañar que, dentro del propio, partido existan lo que viene definiéndose como distintas sensibilidades (monárquicos, republicanos, descentralizadores, centralistas, católicos, laicistas y así un largo etcétera) que son lo verdaderamente genuino de este partido. Es decir, incluye en su seno a partidarios de opciones incluso diametralmente opuestas, pero que desaparecen cuando todo converge en la búsqueda de la equidad y el progreso logradas por el Estado de bienestar.

En segundo lugar, está situada la izquierda comunista -muchas veces denominada la verdadera izquierda, por contraposición a la socialdemocracia, considerada una ideología traidora a los postulados de la izquierda- con sus múltiples imágenes generadas a lo largo de su existencia. Bien es conocido que en España el Partido Comunista nace de una escisión del PSOE, pero esto es una situación particular de nuestro caso. Salvo algunas experiencias en el ámbito del gobierno, enmarcadas dentro de los gobiernos de la Segunda República y tras un arduo debate interno, su papel en el sistema político siempre ha sido secundario. No obstante, dentro de su imaginario colectivo -engrandecido gracias a su actividad política interna dentro de la clandestinidad en la época franquista- este rol nunca les ha satisfecho. Su objetivo siempre fue consolidarse como el primer partido del espectro de la izquierda, dado que son los verdaderos representantes de la ideología proletaria.

Desde antes de la transición los análisis de los expertos (sobre todo de J. J. Linz) les auguraban una buena representación en el futuro político en base a representación parlamentaria, pero estos vaticinios no se tornaron realidad. Esto produjo que se ampliase un sentimiento muy profundo de frustración, en el que se contemplaba una clara suplantación de su hegemonía por parte de un partido "de diseño" como el PSOE. Los distintos dirigentes del PCE, pero especialmente Julio Anguita, siempre tuvieron un claro objetivo político, que era la superación del PSOE, conocido como sorpasso. No obstante, previamente hubo que reinventarse tras la caída del comunismo soviético y de ahí que surgiera la enésima conversión del PCE para solaparse bajo las siglas de Izquierda Unida, y así de paso agenciarse en algunas comunidades el sobrenombre de "Los Verdes".

 El verdadero adversario político para Izquierda Unida (bajo la dirección del PCE) era el PSOE, por las razones esgrimidas con anterioridad y por eso se puso en marcha uno de los fenómenos más infames de la contemporánea historia política de nuestro país, es decir, la pinza. Situación mediante la cual los intereses de Izquierda Unida se identificaban completamente con la derecha política del país, propiciando situaciones valleinclanescas en contra del PSOE. Sin embargo, esta apuesta no les produjo los resultados esperados, de ahí que la estrategia de las dos orillas anguitiana pasara a un segundo plano.

Aunque todavía existen situaciones actuales, no por ello menos válidas, en las cuales se reproduce este tipo de actitudes cainíticas, por ejemplo en el gobierno del Partido Popular de la Junta de Extremadura, auspiciado por los representantes de Izquierda Unida en el parlamento extremeño. Quizá cabría comentar que este caso es un "tamayazo anguitiano", dado que en el confluyen el odio profundo hacia el PSOE-Extremadura, con unos intereses particulares (ya se irán viendo en el futuro cuando abandonen las responsabilidades públicas) de los dirigentes autonómicos de Izquierda Unida de Extremadura, cuya actitud fue sancionada por la dirección nacional, aunque hacia la misma se hicieran oídos sordos.

Si nos atenemos a la tendencia observada en los resultados electorales de la Coalición observamos que está en claro declive. Uno de sus feudos más tradicionales, Andalucía, ha visto menguada su representación política en los últimos comicios, reduciéndose a niveles muy inferiores al proceso electoral anterior, mediante el que incluso tuvieron la oportunidad de gobernar con el PSOE-A.

 Las explicaciones electorales y políticas pueden ser varias, pero el hecho es que gran parte de su electorado ha ido a parar a Podemos o al Partido Socialista de Andalucía. En la actualidad, la federación de izquierda está enfrascada en un profundo fenómeno de renovación en los cargos de dirección, pero como consecuencia de los distintos actos en los cuales se han ido diluyendo, cambiando, transfugando (si es que se puede decir así) los distintos candidatos, todo parece indicar que la derrota en la próxima contienda electoral es casi segura.

Por último, apuntamos al  recién llegado a la arena de conflicto en el seno de la izquierda, Podemos. Aunque su marcado carácter ambiguo no explicite públicamente su ubicación ideológica, siendo sustituida por otra más afín a sus intereses que implica el arriba (casta) y abajo (ciudadanos). Pero dejando de lado la cuestión de la ambigüedad, Podemos puede catalogarse como una formación política ideológicamente de izquierda.

Por un lado, por la trayectoria de sus dirigentes y por otro  la apuesta por la sustitución del statu quo actual por otro alternativo. Este partido nace de la focalización política y electoral del Movimiento del 15-M y tiene una vocación muy marcada por la organización horizontal y asamblearia (denominación sustituida por los círculos). No obstante, eso fue así hasta que la organización política echó a andar. Tras los sorprendentes resultados de las elecciones europeas en las que cosechó la extraordinaria cifra de 5 eurodiputados, la tendencia no ha seguido esta tónica.

Por una parte, por las enormes expectativas depositadas en las elecciones andaluzas, las cuales no se convirtieron en resultados potentes, y el excesivo seguimiento mediático de sus diferencias internas (listas oficiales y de los críticos, así como cuestiones fiscales que afectan a sus dirigentes) está desinflando el fenómeno Podemos. Queremos referirnos con esto a que en las elecciones municipales han decidido no concurrir con estas siglas y lo harán bajo una pléyade de denominaciones, así como en las elecciones autonómicas.

 La facción menchevique y su contraria bolchevique, además del mimetismo demostrado por la dirección nacional del partido respecto a la ubicación de los candidatos y los procesos internos de primarias son elementos que juegan en contra de sus intereses electorales. Lo que sí se ha demostrado es que, aunque salen a ganar en todas la contiendas, los resultados no tienen porque coincidir con las expectativas. De modo que el resultado de la irrupción de Podemos es la fagocitación casi total de Izquierda Unida en los próximos comicios al Congreso de los Diputados.

Los integrantes de Podemos que han huido de la quema de Izquierda Unida, que ahora son más papistas que el papa -como todo buen converso- no tienen nada claro si no han abandonado un barco en hundimiento para arribar a un barco remolcado (de nuevo parece que volverán a ser secundarios).

 Podemos todavía tiene una oportunidad histórica y es conseguir que no vea un enemigo dentro de sus filas, es decir, que la colaboración con el PSOE es la única que garantiza una izquierda política con potencialidades ganadoras en las próximas elecciones nacionales.

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Sociología y Política en la red

jueves, 2 de abril de 2015

Son fiables las encuestas de intención de voto?


En España existe un justificado debate en torno a los sondeos preelectorales y si fallan dichas encuestas, es decir, si sirven para algo y está justificado el inmenso gasto que generan. A continuación vamos a reflexionar sobre la fiabilidad de las encuestas de intención de voto. 


En general, una encuesta supone un instrumento de medición de la opinión pública es fiable en la medida que, su aplicación por distintos investigadores, debe producir los mismos resultados con un leve margen de error entre las distintas mediciones. Por ejemplo, una báscula es un instrumento de medida fiable siempre que, independientemente de la persona que realice la medición, se obtenga el mismo resultado con un leve margen de error entre cada una de las mediciones realizadas. En este sentido, las encuestas que cuentan con una buena metodología de extracción de datos y una muestra considerable suelen ser muy fiables. Difícilmente se pueden encontrar encuestas que cuenten con una buena metodología de extracción de datos y que ofrezcan una gran disparidad de resultados respecto a la intención directa de voto (voto declarado). Probablemente, en el caso especial de las encuestas de intención de voto, los aparentes problemas de fiabilidad  sean derivados de los problemas de las estimaciones de resultados, lo que se conoce coloquialmente como "cocina de datos"


Las encuestas de intención de voto son un caso especial de estudio dentro de los sondeos de opinión pública porque presentan un problema de validez en sus resultados, derivados de la “no respuesta” o voto indeciso (voto oculto). En España, la media del voto no declarado  oscila sobre el 40% del total de la muestra, lo que obliga a realizar estimaciones estadísticas al respecto para intentar calcular la previsión del resultado electoral. En la mayoría de los casos, la fórmula por la que se calcula el voto es secreta. Es decir, se crea un contexto en el que es difícil distinguir los resultados que provienen de estudios rigurosos de otros que no lo son, debido a una falta de información generalizada sobre la ficha técnica o la estimación de resultados empleados en cada estudio. 

Esta situación redunda en la pérdida de confianza generalizada de la población sobre un importante instrumento de investigación social destinado a medir el grado de apoyo de cada facción política entre la población.  Este hecho, fundamentalmente, se debe a que algunos estudios responden a intereses políticos y económicos en la divulgación de sus resultados más que a criterios científicos al respecto. 

A grandes rasgos, se podría decir que en España se realizan dos tipos de encuestas preelectorales:

a)      Las que cumplen los principios metodológicos  con el mayor rigor posible donde se muestran los datos completos de la ficha técnica y la matriz de imputación del voto.

b)      Las que no cumplen con el debido rigor metodológico y ofrecen poca o ninguna información sobre su ficha técnica o la forma en la que se ha realizado la estimación final de la intención de voto. 

Cuando no se ofrecen datos sobre la elaboración de la encuesta y su ficha técnica,  no sólo hay que sospechar de que el estudio no responda a las medidas metodológicas necesarias para que pueda ser calificado como tal, sino que pueden albergar la intención de manipular y movilizar al electorado en un sentido predeterminado.


En este sentido las encuestas realizadas por instituciones públicas de reconocido prestigio, como el CIS, poseen una metodología o “protocolo” de extracción de datos de elevada calidad frente a la mayor parte de los sondeos de intención de voto realizados en nuestro país.

A diferencia del CIS, la mayor parte de los sondeos preelectorales que se realizan en España son encuestas de tipo telefónica. Las encuestas telefónicas suelen utilizar el listado de la guía de teléfonos fijos para poderacceder a la muestra y, por tanto, redunda en que, por distintos problemas,sólo pueden localizar aproximadamente a un 30% de la población de estudio. A su vez, de este aproximadamente 30%, parece que responden un 16% de las personas encuestadas lo que redunda en un posible sesgo de la muestra. Por tanto, debido a problemas metodológicos, muchas de estas encuestas cubren o a una escasa parte de la población que pretenden representar en sus resultados.

Según manuales y estudios de varios autores al respecto, las encuestas realizadas presencialmente ofrecen una disparidad de resultados entre sí mucho menor que la diferencia de resultados que se puede observar entre las encuestas que se han realizado telefónicamente (CATI, Computer Assited Telephone Interview). Evidentemente, las encuestas que cuentan con entrevistas personales son más caras que las que se realizan telefónicamente.

En este aspecto, la mayor parte de las instituciones académicas de reconocido prestigio, cuentan con una metodología de extracción de la muestra de tipo estadística (para que sea representativa de la población de estudio), una nutrida muestra de estudio (igual o superior a 1.200 casos, que suele permitir fraccionar los datos conservado la representatitividad estadística de los mismos), una nutrida red de puntos de muestreo (tanto en ámbitos rurales como urbanos) y una administración de cuestionarios de tipo presencial que ayude a reducir problemas de sesgo en la localización de la muestra. Harina de otro costal es el cálculo de la estimación de voto que realiza el CIS con los resultados de sus propios sondeos de intención de voto. Si bien el CIS ofrece una alta fiabilidad en la metodología de producción de datos y una exhaustiva ficha técnica en cada encuesta, la manera en la que el CIS cocina la predicción de los resultados es prácticamente secreta. 


A pesar de las diferencias metodológicas entre las encuestas presenciales y las que se realizan telefónicamente, parece que se continúan realizando sondeos de intención de voto mediante encuesta telefónica porque, además de requerir un menor tiempo y coste económico en su elaboración, en muchas ocasiones, dichas encuestas pueden llegar a clavar la predicción del resultado electoral con mayor exactitud que otras encuestas que cuentan con mayor rigor metodológico y financiación en la elaboración de las mismas. Este hecho puede deberse a la pericia del investigador principal (IP) o responsable del estudio a la hora de calcular el voto oculto y estimar el cómputo total del mismo. En este sentido, a riesgo de perder o ganar credibilidad en los resultados de cada estudio, es respetable que en cada empresa privada de sondeos electorales decidan si quieren hacer pública su fórmula de estimación del voto.   

Sin embargo, es bastante cuestionable que el CIS, siendo una entidad pública, trabaje con una fórmula privada en la estimación final del voto. Por otra parte, también es bastante cuestionable que en los medios de comunicación se publiquen resultados de encuestas en las que no se describa la ficha técnica o la fórmula de estimación del voto. Esta situación de desinformación respecto a las fichas técnicas y fórmulas de estimación del voto, en muchos de los estudios publicados en los diferentes medios de comunicación, dificulta en gran medida a los lectores poder discernir entre un estudio de intención de voto riguroso de otro que no lo sea.

Pensamos que esta situación podría mejorarse si las distintas empresas de sondeos preelectorales comnpelentaran su metodología combinando entrevistas presenciales con entrevistas telefónica, además de ofrecer todo tipo de datos sobre la ficha técnica y una descripción detallada de las operaciones realizadas para estimar el voto a la hora de publicar los resultados en medios de comunicación. Difícilmente encontraremos un estudio riguroso que no se acompañe con una buena descripción de la ficha técnica del estudio y, algún tipo de referencia sobre la ponderación o imputación de datos que se ha realizado, el cálculo final de la intención de voto atribuida a cada partido político en cuestión.  

Un conocimiento científico es universal, comunicable y replicable. Los sondeos electorales que no describen detalladamente la metodología y las operaciones necesarias para poder replicar los resultados de los mismos, a priori, no deberían ser considerados como estudios de tipo científico. 

También sería interesante que CIS hiciera accesible los microdatos junto la publicación del avance de resultados y la matriz de imputación del voto de cada encuesta preelectoral, para que los investigadores interesados pudieran replicar y validar los resultados emitidos por la institución pública del CIS.

En resumen: 


La falta de información sobre las respectivas fichas técnicas y las fórmulas de estimación de resultados facilita que sean publicados estudios rigurosos junto a otros que no lo son.


Para resolver esta situación, los medios de comunicación, a la hora de publicar resultados que provienen de sondeos electorales, deberían plantearse adoptar algunas medidas editoriales análogas a las revistas académicas exigiendo información  sobre la ficha técnica de cada estudio y las matices o fórmulas de imputación del voto.  


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viernes, 27 de marzo de 2015

Comentarios reflexivos sobre las elecciones en Andalucía


Hemos decidido esperar pacientemente hasta hoy para realizar un post amplio sobre los resultados de las elecciones autonómicas andaluzas. La razón de esta dilación viene motivada por dos aspectos. El primero es que en la sociedad de la información y la inmediatez, las noticias se consumen instatáneamente y pasan a ser basura (es decir, sin actualidad) cada vez más pronto. Por tanto, escribir el día de las elecciones, o incluso el día después sería adherirse al maremoto mediático del día después y no tendría el seguimiento adecuado.

El segundo aspecto tiene que ver con las reacciones posteriores a los resultados, de tal manera que la inmediatez de escribir cuando los vientos ayudaban al vuelo, imposibilitaba analizar las distintas reacciones con calma y mesura, que en estos tiempos son de los mejores consejos.

Ya entrando en faena, sostendremos que el número de escaños, porcentaje de voto y sensaciones políticas obtenidas por el PSOE-A son de lo más halagüeño para dicho partido. No es que queramos pecar de gurúes, pero dentro del seno del partido no las tenían todas consigo y, a tenor de los resultados de las encuestas, a nivel interno esperaban peores resultados. Es obvio que el PSOE ha sido castigado por el electorado al no conseguir mayoría absoluta, pero ha castigado más a otros partidos, concretamente al partido que gobernaba en coalición hasta hace unos días (Izquierda Unida) y al partido que consiguió la mayoría relativa en el parlamento andaluz en los anteriores comicios (Partido Popular).

La decisión estratégica de Susana Díaz de convocar elecciones de manera precipitada y colocarlas en primer lugar en un año lleno de procesos electorales, le ha dado un resultado excelente. Ha mantenido su apoyo entre los votantes y, aunque ha tenido una merma en porcentaje de votos, puede decirse que su resultado es muy positivo. El adelanto electoral pilló a pie cambiado al principal rival que detectaba el PSOE, Podemos, que su estructura débil de partido, la confección de las listas con imposiciones desde Madrid y una campaña no muy afortunada, le hicieron un flaco favor. De hecho, si comprobamos las altas expectativas que albergaban sus candidatos en las autonómicas andaluzas, bien pareciera que han cosechado una derrota, en vez de estar satisfechos con el mayor incremento, tanto relativo como absoluto de los partidos que estaban en liza en estas elecciones. Quizá podrían haber sido mayores las cifras de escaños pero, como ya se sabe, también hay que lidiar con las leyes electorales.

No podemos dejar pasar la ocasión de señalar la cuestión de las reacciones de los simpatizantes y cibercorreligionarios de Podemos en las redes sociales. Hemos podido comprobar como la saña y el desprecio al electorado andaluz han sido las tónicas dominantes. Como si el voto de un ciudadano andaluz que votase al PSOE-A valiese menos o lo hiciese motivado por coacciones e incompetencias cognitivas o educativas. En fin, una sarta de patrañas de las que muchos que tenían simpatía por Podemos, han tomado nota. La estrategia del ninguneo y la desfachatez en argumentos descalificadores sobre los electores andaluces, no dice nada bueno de ese conjunto de simpatizantes, candidatos o miembros de círculos de toda índole.

Hay que saber ganar, saber perder y reconocer a los ganadores. Ese es uno de los mejores indicadores de conocimiento de la vida política y de los principios básicos que todos compartimos. Consideramos que el acercamiento implícito de Anguita a los postulados que representaba Podemos no ha sido de gran ayuda. Todo lo contrario, ha hecho converger el resultado de Podemos al de Izquierda Unida, principal damnificada de estas elecciones.

En el otro extremo, encontramos a Ciutadans, principal revelación en estas elecciones, que ha cosechado un importante número de escaños en su primera aparición en las elecciones andaluzas. Mención aparte tendría UPyD, cuyas expectativas de obtener representación se han visto dilapidadas. Las reacciones internas no han acabado con las divergencias mostradas por algunos destacados miembros de su dirección y hasta se pide desde algunas voces la dimisión de Rosa Díez. La responsabilidad política de los resultados tan nefastos se le pide a Díez, que no dimitirá -como ya han demostrado sobradamente otros miembros de la élite política- y no recaen en el candidato ni en el partido a nivel andaluz.

 Por otro lado, sigue extendiéndose una idea que es necesario desechar y es que después de escuchar las distintas valoraciones de los líderes políticos sobre los resultados electorales, da la impresión que ninguno ha perdido. Pues se escudan en comparaciones con otros comicios, o bien otra estratagema numérico-cabalística para maquillar lo que sería un desastre.

Para ser francos, valoraremos que PSOE-A, Podemos y Ciutadans han ganado las elecciones, cada uno con sus particularidades en su lectura, mientras que PP-A e Izquierda Unida han sido los grandes derrotados. Ambos han visto menguados sus representantes en el parlamento notablemente; más en el caso de IU que hasta el momento en el que consiguieron el último escaño, incluso se dudaba de su posibilidad de poder formar grupo parlamentario propio.

Andalucía ha hablado en las urnas y puede llevar a gala ser una de las tres únicas comunidades autónomas, unida a Cataluña y País Vasco, donde nunca ha gobernado el partido de la derecha, directamente o mediante coalición de gobierno. Por último, consideramos de esencial importancia el fenómeno posibilitado por Ciutadans en el espectro político, puesto que ha terminado con uno de los principales potenciales de la derecha política, es decir, su unidad.



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lunes, 23 de marzo de 2015

Elecciones en Andalucía.

Susana Díaz ha conseguido mantener la representación parlamentaria del PSOE y gobernará con apoyos (los puntuales de Ciudadanos o algún otro que entronque bien con su proyecto). Cuando unas elecciones autonómicas se leen en clave nacional, siempre hay descerebrados que utilizan los prejuicios sobre los andaluces para imputarles un voto cautivo, subsidiado o cualquier otra lindeza, pero la verdad es que tiene el mismo valor que el de los económica e intelectualmente más dotados, si es que eso se puede decir. 

El primer golpe al PP ya está dado. Lo que ocurre es que la interpretación de los resultados que hacen algunos están sesgadas por las expectativas que se habían creado. Rajoy está tocado, pero la pelea política sigue en este año tan prolífico en elecciones.







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lunes, 9 de marzo de 2015

Guía rápida para interpretar la Ficha Técnica de una Encuesta

Ante la inminente campaña electoral surgen como hongos numerosos estudios que ofrecen distintos y dispares resultados sobre el probable resultado de la campaña.

Que aparezcan los datos de una encuesta en un medio informativo no es indicador de la calidad de sus datos. Del mismo modo que a nadie se le ocurre adquirir en un supermercado productos de alimentación sin estar adecuadamente etiquetados por alguna organización de control de calidad, no es demasiado saludable consumir datos de una encuesta electoral que carezca de la ficha técnica de la encuesta. Cada estudio posee una ficha técnica donde se muestra una serie de datos que dan indicios de la calidad del proceso de extracción de los datos, y por tanto, del producto final de los mismos.

Para ayudar a nuestros lectores a interpretar el contenido de un ficha técnica de una encuesta, hemos elaborado una guía rápida de recomendaciones que, sin necesidad de tener conocimientos previos en estadística o metodología de muestreo, serán útiles para guiarnos en su contenido.

En la ficha técnica de una encuesta deberían aparecer como mínimo los siguientes datos:

-Ámbito y universo al que pertenece la muestra: dónde y a quién se le pregunta.

-Tamaño de la muestra: a mayor tamaño menor error en la inferencia de los datos.

-Puntos de muestreo: cuantos más puntos de muestreo posea la encuesta, y mejor repartidos se encuentren, mejora sensiblemente la calidad de los datos.

-Procedimiento de muestreo: describe el tipo de muestreo, es decir, la forma en que han sido recogidos los datos. Existen diferentes tipos de muestreo que reducen o aumentan el error estándar de la encuesta. El método por excelencia es el muestreo aleatorio simple que es un método similar al que se emplea en la Loteria, el resto de tipos de muestreo suelen aumentar el error estándar de la encuesta.

Explicar las diferencias entre los variados tipos de muestreo es algo bastante complejo.  Por ofrecer unas nociones básicas, en un buen método de extracción de datos, el encuestador no debe elegir la persona a la que le administra el cuestionario, hay que introducir mecanismo aleatorios en la elección final de los individuos. En definitiva, cuando menos se guarde la equiprobabilidad de los sujetos que componen la muestra (que todos los individuos tengan las mismas probabilidades de ser elegidos) y menos se respeten los mecanismos aleatorios en la selección final de las personas que componen la muestra, se reduce la rigurosidad del proceso de selección y redunda en el aumento del error de la encuesta hasta llegar a invalidarla.

-Error muestral: aunque parezca el dato más importante, los anteriores apartados suelen ser mejores indicadores de la calidad de los datos. Como regla general habría que tomar con pinzas los datos procedentes de encuestas con más de tres puntos de error estándar.  Puesto que el error estándar se refiere al total de la muestra, en el momento que se empieza a fraccionar los datos aumenta el error inferencial de los mismos. Una encuesta con una buena muestra permite fraccionarla conservando la representatividad estadística de la encuesta.

-Fecha de realización:  para interpretar los datos en su justo contexto es muy importante conocer la fecha en la que fueron recogidos. Los datos de una encuesta son como los que proporciona una foto fija de una paisaje. 

-Investigador principal y entidad que realizan la encuesta.Es interesante que aparezcan los datos sobre la financiación de la encuesta y el nombre del investigador principal responsable de la encuesta.

Como regla general, cuanto más cara es una encuesta mejor suele ser su procedimiento de extracción de datos.

En definitiva, tengamos cuidado con los productos pseudo científicos y sus sucedáneos que se ofrecen a diario en las redes sociales y medios de comunicación.Ya que los medios de comunicación no muestran demasiado celo en presentar indicios sobre la calidad de las encuestas que publican, deberíamos tener bastante cuidado a la hora de consumir los datos que  nos ofrecen para evitar informarnos con encuestas en mal estado.