El concepto de utopía prácticamente ha sido sustituido en el
discurso político por el concepto de ideología, estando en desuso la vieja
concepción utópica de la realidad como horizonte que oriente la ideología
política. En este sentido, cabe
reflexionar sobre la recuperación del concepto de la utopía en la ideología, el
discurso político y la acción social.
Según el Diccionario
de Sociología elaborado por Giner,
Espinosa y Torres (1998), la ideología trata un conjunto de construcciones
mentales relacionados con distintos discursos sociales. Contiene una doble
dimensión política y moral difícil de diferenciar con aspiraciones
interpretativas holísticas de la realidad. Su validación queda sujeta a la
correspondencia con la realidad y la capacidad legitimadora de la acción
social. En relación al concepto de utopía se define como un ideal deseable al
que la sociedad debería encaminarse, siendo el utopismo la creencia sobre la
posibilidad de la transformación del mundo social según los ideales utópicos.
Continuando con los
orígenes del concepto de la ideología, encontramos que Bacon fue uno de los
precursores del concepto. En la teoría de los ídolos de Bacon se hace referencia a cuatro tipos de ídolos como distintas formas de prejuicios; los ídolos de la tribu, los ídolos de la caverna, los ídolos del mercado
y lo ídolos del teatro. Por otra parte, Maquiavelo
contrapone el pensamiento público al pensamiento de palacio. En otro orden,
Hegel afirmaba que “todo lo real es racional y todo lo racional es real”. Marx,
plantea el concepto de la ideología como un problema de falsa conciencia.
Marx, parte de la crítica al pensamiento
racionalista hegeliano y desarrolla el concepto de ideología para mostrarlo
como la estructura de pensamiento característico de una determinada posición de
clase. Por otra parte, Mannheim reflexiona sobre la esterilidad de la ideología
y la fecundidad de la utopía como forma de transformación de la sociedad. El
concepto de ideología suele contraponerse al de utopía en el sentido de la
posibilidad de realización de la misma o la congruencia con el estado de la
realidad. En este sentido, Mannheim realiza una inversión de la definición del
concepto de la utopía, como algo con posibilidad de realización.
“La ideología son ideas que trascienden las situaciones y
que nunca logran realizar de facto sus proyectados contenidos. Aunque a menudo
las ideologías constituyen motivos bienintencionados de la conducta subjetiva
de un individuo, cuando cobran realmente cuerpo en la práctica sus
significaciones quedan muy frecuentemente deformadas…. Las utopías también trascienden la situación
social, pues ellas también orientan la conducta hacia elementos que la
situación no contiene. Pero no son ideologías, es decir, no son ideologías en
la medida en que logran, mediante la acción contraria, transformar la realidad
histórica existente en una realidad que está más de acuerdo con las concepciones
propias de las utopías” (Mannheim, Ideology and Utopia, en Ricoeur, 2006).
Desde la perspectiva de Mannheim, la utopía se basa en la
rebelión de la clase oprimida por lo que no considera como género utópico ni La
República de Platón ni la Utopía de Tomás Moro, a quien se le atribuye la
creación del propio concepto de utopía en 1516. Por tanto, el autor considera
que el comienzo del género utópico se inicia con el teólogo Thomas Müntzer, caudillo de los campesinos alemanes en el siglo XVI. Mannheim elabora una
taxonomía en la que identifica cuatro tipos de utopías, cuyo principal
denominador común es ser de tipo antagónicas: Las utopías quilastas o
milenaristas, donde la revolución social se basa en motivos religiosos, siendo
el citado anabaptista Thomas Müntzer uno de sus señeros representantes. El
segundo tipo es la utopía humanitaria liberal, basada en la confianza en el
proceso pedagógico y formativo que culmina con el idealismo alemán, reflejo de
la filosofía de la ilustración. El tercer tipo de utopía es el conservadurismo,
donde el pueblo y la nación son como un organismo donde los individuos son
partes nucleares de un todo. La cuarta utopía es la socialista comunista, basada en una síntesis interna compuesta por elementos de las tres anteriores formas utópicas.
Según Mannheim, la ideología preserva el orden existente y
la utopía destruye dicho orden, dando lugar a una nueva realidad. La utopía,
más que un género literario, es el discurso de un grupo. En este orden de la
cuestión, la utopía tiene una clara conexión con un grupo socialmente
ascendente, en contraposición con la ideología y el grupo gobernante. Mientras
que la ideología es lo que preserva cierto orden dado, la utopía es definida
como algo irrealizable por los representantes de dicho orden, puesto que no
consideran posible lo que no es conforme con el orden que representan. También
es sugerente la clasificación dualista de Lewis Mumford, en su obra The Story
of Utopías, diferencia entre utopías de evasión y utopías de reconstrucción.
Ricoeur, señala que Mannheim,
en su intento de contraponer el concepto de ideología al de utopía concibe lo
que denomina la paradoja de Mannheim, puesto que el concepto de utopía adquiere
un estado ontológico y epistemológico análogo al de la ideología y, aunque
opuesto, la utopía no deja de ser un tipo de ideología antagónica de clase o,
en cierto modo, la ideología de la oposición política. Ricoeur opina que Mannheim
mostró que el camino que posibilitaba la superación conceptual de la paradoja
teórica entre la ideología y la utopía, comienza en la praxis o transformación
de la realidad en un mundo mejor . Ricoeur también considera
que Mannheim tiene el mérito de ser el primer autor que integra los conceptos
de ideología y utopía dentro de la problemática de la incongruencia con el
estado de la realidad de la cuestión, a la vez que diferencia ambos conceptos
mediante la oposición entre ambos, lo cual implica una inversión de los términos
anteriores. En el orden de la cuestión, también habría que considerar a los autores anarquistas que, en vez de contraponer el concepto de ideología al de utopía, han realizado ejercicios de integración conceptual teórico-prácticas en relación al concepto de la utopía y las diferentes corrientes ideológicas anarquistas.
Focalizando en la síntesis
entre la ideología anarquista y la utopía, podemos considerar que, a grandes
rasgos, los principales representantes intelectuales del anarquismo han sido
Proudhon, precursor de las teorías anarquistas modernas, Bakunin, Kropotkin y
León Tolstói. Existen muchos autores y obras que han ayudaron a la propagacióndel pensamiento anarquista, especialmente entre el siglo XIX y XX, entre las que podemos citar las obras “Que es
la propiedad” de Proudhon, “El Manifiesto de la
Anarquía” (1850) de Bellegarrigue, “La Desobediencia Civil” (1866) de Henry
David Thoreau, el ensayo contra la esclavitud de Lysander Spooner “Unsconstitutionality
of slavery” o la revista sociológica catalana “Acracia” (1886). En la actualidad, habría que considerar a Noam Chomsky como principal autor contemporáneo representante del pensamiento crítico libertario.
Estos autores han influido en las variopintas corrientes
ideológicas anarquistas y en las diferentes formas en las que han existido las
experiencias de organización social de tipo autogestionaria, ácrata o
libertaria. En este sentido tenemos una amplia gama de corrientes ideológicas
anarquistas: el anarquismo individualista (Max Stirner), el anarquismo
comunista (Piotr Kropotkin), el mutualismo (Proudhon), el colectivismo o
anarquismo sindicalista (Mijaíl Bakunin) y el anarquismo organizado o plataformismo
como forma de federalismo anarquista (Néstor
Majnó). También habría que considerar nuevas corrientes ideológicas contemporáneas;
el feminismo anarquista, el anarquismo ecologista, el veganarquismo, donde también se considera
la “liberación animal”, el anarquismo insurreccionalista, el anarquismo posestructuralista y, resultado
de la influencia del anarquismo individualista norteamericano y el
neoliberalismo, el anarcocapitalismo.
Por otra parte, se han llevado a cabo diferentes formas de
experiencias reales basadas en el socialismo utópico y el anarquismo; los
Falansterios de Fourier, el socialismo reformista de la comuna Nueva Armonía liderado
por Owen en Estados Unidos y otros tantos ejemplos acaecidos en una gran cantidad de
países donde tuvo una importante influencia el movimiento anarquista; Rusia, Francia, Italia, Argentina, México, Cuba,
Corea etc. Como ejemplos más reseñables se recuerda la Revolución Majnovista,
realizada por los campesinos de Ucrania, y las revoluciones anarquistas
españolas de 1934 y 1936.
En resumidas cuentas, se podría clasificar el utopismo
anarquista en: utopías federalistas, utopías comunitaritas y utopías literarias anarquistas, en la que
cabe citar la obra del Cyrano de Bergerac “El otro mundo” y la utopía
anarquista “El Humanisferio” de Joseph Déjacque.
Todas las corrientes anarquistas comparten el valor del
antiestatismo y, a su vez, todas las corrientes se diferencian del anarcocapitalismo respecto a los valores de la autogestión, la
cooperación, el apoyo mutuo y la solidaridad social. En este sentido, es donde
se encuentra la diferencia fundamental entre las corrientes anarquistas y las comunistas.
Mientras que el comunismo se basa en un
sistema que aspira a la apropiación del Estado para
transformar la realidad, el anarquismo es un sistema que se opone al Estado, entendido como el monopolio de la fuerza. Tal vez este
carácter radicalmente antiestatista haya contribuido a la
extinción o poca continuidad de las diferentes experiencias anarquistas.
Precisamente las diferencias ideológicas entre Bakunin y Marx provenían de este
aspecto, Bakunin consideraba que la dictadura del proletariado supondría una
nueva forma de totalitarismo de estado y opresión para el proletariado, a diferencia de Marx quien pensaba que
la dictadura del proletariado sería absolutamente necesaria para conseguir una
sociedad sin clases.
En consideración de los aspectos mencionados, la utopía más que
un concepto contrapuesto al de la ideología, tal como lo consideraba Mannheim, parece
ser un concepto complementario con diferentes formas ideológicas. Quizás sean los valores presentes en el Mayo
francés del 68, uno de los mejores ejemplos donde se puso de relieve una síntesis entre la utopía, la ideología y la acción política.
En los sistemas democráticos las ideologías son fundamentales para la orientación del voto y,
por tanto, la conservación o transformación de la realidad. En el sentido
mentado, cabe reflexionar sobre la
recuperación del concepto de la utopía en el discurso y la praxis política
diaria, integrando la contemplación y la acción como estrategia y táctica para conseguir
un mundo más justo, donde se garanticen los derechos individuales, políticos y
sociales. Un mundo donde no exista la pobreza ni los males sociales, tecnológicamente
desarrollado y en simbiosis con la cultura y la naturaleza.
Bibliografía de referencia:
Bergerac, C. (2011). El otro mundo. Estudio introductorio, traducción y notas de Ramón Cotarelo, Madrid, Akal.
Giner, S., Lamo de Espinoza, E., y Torres, C. (1998). Diccionario de Sociología, Barcelona,
Bibliografía de referencia:
Bergerac, C. (2011). El otro mundo. Estudio introductorio, traducción y notas de Ramón Cotarelo, Madrid, Akal.
Giner, S., Lamo de Espinoza, E., y Torres, C. (1998). Diccionario de Sociología, Barcelona,
Alianza Editorial, S. A.
Moro, T. (1996). Utopía, Alianza Editorial.
Moro, T. (1996). Utopía, Alianza Editorial.
Ricoeur, P. (2006). Ideología y Utopía, Barcelona, Gedisa.
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